Escrito por: Cecilia Martínez
Desde el Pacífico mexicano, donde el sol parece latir al mismo ritmo que el mar, llegan los Delfines del Tecnológico Nacional de México Campus Acapulco, haciendo historia como el primer equipo nacional invitado a Battle POM.
No es casualidad, ni suerte. Es el resultado de días que empiezan antes de que el cuerpo esté listo y terminan cuando el alma ya lo dio todo. Es disciplina cuando nadie está viendo, es repetir una rutina hasta que deja de doler y empieza a sentirse como identidad. Porque para Delfines, entrenar no es solo prepararse… es construir quiénes son.
Cada integrante carga algo más que pompones: lleva consigo su historia, su campus, su gente. Y en cada práctica se nota. En cómo se sostienen cuando alguien falla, en cómo celebran los pequeños avances como si fueran victorias gigantes, en cómo entienden que el verdadero logro no es brillar solos, sino hacerlo juntos. Hay algo profundamente poderoso en un equipo que no compite desde el ego, sino desde el nosotros.
Su llegada a Battle POM no solo cruza kilómetros, cruza fronteras simbólicas. Marca un antes y un después en la historia del evento, abriendo camino para que más voces, más estilos y más historias encuentren su lugar en esta arena. Porque cuando un equipo viaja desde lejos, no solo trae talento… trae cultura, esencia y una forma distinta de sentir el deporte.
Y sí, vienen a competir. Pero sobre todo, vienen a recordarnos algo que a veces olvidamos: que la pasión no entiende de distancias, que el esfuerzo siempre encuentra cómo hacerse notar, y que cuando un equipo cree en sí mismo, el escenario deja de ser un espacio físico y se convierte en un lugar donde todo puede pasar.
Delfines no solo llega a Battle POM… llega a dejar huella.






Photos by: Carlos Velasco @sports_pue , Mariana Alor @maarigram_ , Angel Pineda @wfpuebla y Giz @hechocongiz